viernes, 2 de julio de 2021
El beneplácito de no dudar nunca más.
miércoles, 5 de agosto de 2020
Transformación
Sería insensato acostumbrarse a pisar tierra firme,
pues en cualquier momento puede desaparecer.
De la misma forma que sería incoherente desear retroceder,
también lo sería intentar controlar aquello que, de manera natural e inquebrantable,
escapa a nuestras manos.
Llegar a comprender que nosotros elegimos la dirección
pero la vida se encarga de escoger por nosotros
el nivel de dificultad que debemos atravesar
forma parte del viaje.
Para llegar primero hay que vencer.
Para alcanzar aquello que aspiras
primero hay que sentir cómo te falta el aire,
cómo el corazón martilla contra el pecho.
Debes sentir el vértigo ante el abismo que de repente se abre ante tus pies.
Qué pasa cuando se apaga la estrella que te guía,
cuando el camino se bifurca
o la pendiente se hace eterna.
Pasa que te estás acercando a un obstáculo del que nadie te había advertido,
que la vida te ha preparado.
Pasa que se acerca un cambio,
que estás a punto de crecer, solo que tú aún no lo sabes.
Entonces el orden tornará en desorden
la estabilidad se desestabilizará
Y el dolor te inundará.
También forma parte del viaje.
Cuando llegues al final y mires hacia atrás lo sabrás.
Comprenderás que los cambios duelen porque quiebran todo cuanto dabas por sentado
pero también que del dolor nace la transformación.
No es fácil. No es rápido. No intenter correr. No intentes bordear.
Enfréntate a la piedra en el camino. Hazte con ella. En realidad está ahí invitándote a superarte.
No intentes cambiar cuanto no depende de ti
Céntrate en cambiar en ti cuanto necesites
Permite que tu interior evolucione.
Acepta la agitación, solo así puedes comenzar a recomponer.
Asimila la incertidumbre, solo así conseguirás recuperar la estabilidad.
Continúa caminando.
No busques un nuevo punto de referencia, constrúyelo tú mismo.
Crea una nueva estrella que te guíe;
Serás tú, pero ya no serás el mismo.
Dentro de ti tu fortaleza se ha expandido,
Has vencido al miedo,
Has crecido.
Todavía queda mucho camino, pero ahora ya puedes decir que has vencido.
Cuando te gires y veas la piedra que un día te impedía el paso,
La recordarás con respeto,
Pero ahora estarás agradecido.
Gracias a ella ahora tus pasos son más firmes. Más seguros.
Gracias a ella ahora sabes que llegar al final del camino es importante,
Pero siempre y cuando hayas sabido alcanzar a través del recorrido
La mejor versión de ti mismo.
Recuerda:
La pérdida de equilibrio motivada por lo inesperado
Es la antesala del cambio
Y el cambio
Es el comienzo de tu evolución.
jueves, 9 de noviembre de 2017
Sobrevivir
miércoles, 22 de marzo de 2017
jueves, 13 de octubre de 2016
Más fuerte.
Que cuando no pase nada,
lunes, 9 de noviembre de 2015
viernes, 21 de agosto de 2015
Los pequeños detalles.
domingo, 14 de junio de 2015
A ras del cielo.
jueves, 8 de enero de 2015
Cadáveres de mariposas.
miércoles, 8 de octubre de 2014
Amanece. Me levanto. Con suerte, dentro de unas horas estaré despierta.
Mi rostro se refleja en el espejo al atravesar la habitación.
Hago caso omiso del reloj que me reprocha lo tarde que es -cómo no- y me quedo quieta, observándome.
Mi reflejo también me observa a mí, y me reprocha:
"Mírate, mírate bien, con todas tus ganas acumuladas ahí, en las ojeras y en los moratones de las rodillas. Te he dicho mil veces que deberías confiar en mí y en nadie más..."
Y una vez más, vuelve a tener razón. Claro que la tiene, pero es que mi niña interior es kamikaze, no hay otra explicación. Por más que me lo prometo no puedo sentir menos y pensar más, sobre todo en las consecuencias de dejarme llevar.
Continúo observándome. Tengo una línea que me recorre de pies a cabeza a modo de cortafuegos. Con el tiempo, una aprende a arder por partes,a permanecer entera.Aprende a salir ilesa de los incendios.
Tengo también, en la mirada, marea alta de incertidumbres,
y en el estómago, cadáveres de mariposas.
Tengo demasiados motivos pendientes,
y excusas cada mañana.
Tengo todo y nada a la vez, que por otra parte, es suficiente.
Pero no tengo suerte. No.
Definitivamente no la tengo.
En todo caso me tiene ella a mí y me golpea a sus anchas.
Y tengo miedo. Mucho miedo y muchos miedos: Miedo a nada en general y a todo en particular.
Porque, por encima de todas mis cualidades y debilidades, soy humana.
Me aparto del espejo. Cojo el pintalabios más rojo que tengo y escribo en el espejo la frase que debería tener marcada en la cabeza.
Me visto corriendo y me voy. Vuelvo a llegar tarde, pero esta vez, llego libre de miedos. Se han quedado todos encerrados en el espejo, en doce palabras.
"De lo único que he de tener miedo
es del propio miedo"
martes, 30 de septiembre de 2014
Confesionario en clave de mí.
Por ingenua
por voraz en la vida en general
y en el amor en particular.
Me pido perdón
por querer reinventar la poesía
en su boca.
La vida se escribe con besos
y los versos escriben tu vida.
-Hay letras que establecen abismos-
Me pido perdón por el daño sin retorno;
por el intento patético de intentar incendiar
corazones helados;
por coger el tren en la estación equivocada,
en dirección contraria a la razón;
por ahogarme en el mar
repleto de preguntas sin respuesta
que llevo dentro.
Me pido perdón por no querer a quien me quiso.
Por no valorar a quien me ofreció sin miramientos y con las manos abiertas
el corazón,
y sin embargo querer de más a quien no me quiso
y salió huyendo
mientras el corazón volvía a crujir.
La vida sería infinitamente más fácil si no me gustase lo imposible,
pero nací con una predilección salvaje por lo difícil.
Me pido perdón por encontrarme
en la sección de causas perdidas,
por intentar recomponerme en abrazos
que cortaban más que yo.
Me pido perdón,
y me perdono.
Simple y llanamente,
porque no conozco un antídoto mejor
para la infelicidad,
ni nada más sano
para el corazón.
lunes, 22 de septiembre de 2014
Increíble pero incierto.
que te atraviesa en el último vagón de metro.
La perfección de dos cuerpos entrelazados
en cualquier callejón de Madrid.
La suavidad de un beso
que de repente detiene
a Atocha en hora punta.
La calma de saber que esta noche
tu cama no espera vacía.
La sumisión ante el único fuego
que arde pero no quema,
que nace y vive dentro de ti
pero tan sólo se alcanza dentro de él.
La felicidad de que suene Sabina
mientras te coge la mano
y recorréis Gran Vía
a ras del cielo.
La imprudencia de saberte
invencible si está a tu lado;
La duda de si cuando deje de estar
él te habrá vencido.
El interminable placer
de su olor en tu ropa;
la macabra ironía
de no saber si mañana se irá
y no volverás a verle más.
El suicidio de saber
que cualquier beso de despedida
puede ser el último.
El deseo mata,
pero la muerte logra que vivamos con intensidad hasta el final.
jueves, 4 de septiembre de 2014
He bailado contigo. Me has pisado los pies y el corazón.
Una de dos.
O falta de tacto
o poco corazón.
Dime cuál es tu problema.
Y cómo puede ser que la misma boca de la que estuve colgada una noche
y siete vidas
ahora sea una maldita mentirosa.
Explícame qué sentido tiene vivir en una sonrisa si tu corazón brilla por su ausencia.
Explícame qué ganas yendo por ahí adueñándote corazones que después rompes sin compasión.
Aunque quizás deberías saber que esta vez no te has salido con la tuya
porque tus ganas
tu felicidad
hasta tu inspiración
ahora son mías, estás vacío,
y puede que algún día sepas volver a abrir camino entre tú y yo,
incluso puede que todo lo que te he robado vuelva a su origen
pero créeme
yo no volveré.
Y tú, a ser el mismo, tampoco.
Jamás.
Hay mapas con el camino de vuelta a personas
que es mejor quemar.
Tú has quemado el camino de vuelta a ti mismo.
Dime la verdad
de todo lo que has mentido.
O no. Mejor: Tú sigue viviendo en el silencio.
Me gusta, me encanta, cuando callas
porque no me mientes.
Atraes
enamoras
destruyes
matas
y huyes
esa es tu vida.
Y he de decirte que tan sólo los cobardes aprovechan el silencio para huir.
Pese a todo síentete orgulloso. Deberías estarlo.
Ya no eres quebradero de cabeza
ni duda inexplicable
ni baile sin música
ni sollozos a media noche.
Nada de eso. Ahora eres todo lo que siempre mereciste ser:
un recuerdo.
Un recuerdo cada vez más borroso
con el que alguna noche salgo a bailar
y no deja de pisarme los pies.
Pero recuerdo al fin y al cabo.
Eso es todo lo que eres para mí.
Nada más.
jueves, 28 de agosto de 2014
Su escandalosa forma de querer y otras historias para no dormir.
Imagina a una chica sentada al borde de su propio abismo
soñando
mientras balancea sus pies.
No teme la caída -dentro de sí misma-
a pesar de que su fondo es imposible de atisbar.
Tan sólo sonríe, no tiene miedo.
Sonríe porque sabe amar
y confía en las personas.
Cree en la bondad y en que siempre hay alguien
dispuesto a levantar los brazos para evitar sus golpes
contra un suelo que cada vez tiene más espinas.
Imagínalo. ¿Lo tienes?
Pues ahora imagina que el abismo en el que balancea sus pies
no es más que su día a día
y que la caída es la zancadilla diaria
que la vida le regala.
Aquellos que abren los brazos cada vez que ella cae
y evitan sus golpes
no son más que personas con las que te cruzas todos los días por la calle
sólo que tú no lo sabes,
no te percatas.
Pero ella sí.
No es que tenga un sexto sentido,
es sólo que ella se para a observar
mientras la gente pasa corriendo a su lado.
Imagina a una chica con el corazón roto por todos los recovecos posibles e imposibles
pero que sigue queriendo como si de una primera vez constante se tratara.
Una chica que se promete a sí misma que los destrozos
no podrán con su fe en el amor jamás.
Imagina a una chica frágil pero irrompible
de sonrisa fácil y lágrima enrevesada.
Imagínala, ya sabe de la crueldad con que la realidad la despierta cada día
pero sigue poniendo en práctica su inocencia
como cerrando aposta los ojos para no ver lo evidente
y así dar segundas oportunidades
a gente que sabe desde el minuto uno que le fallará.
Imagina a una chica que no cree en motivos,
ni en palabras
ni en apariencias
tan sólo en hechos
versos
y besos.
Imagínala, ella cree que algún día
una sociedad entera
dejará de buscar una belleza impuesta por aquellos a los que no les conviene
que nos miremos felices al espejo
y aprenderá a encontrar belleza en cualquier detalle
para entender que todas las personas son bellas de por sí.
Imagina una chica que no sueña con un futuro perfecto
pero sí con la felicidad.
Que detesta la hipocresía de la gente con corbata y dinero
y confía en que algún día la paz será el día a día
y no una fantasía.
Imagina a una chica que va buscando sonrisas por la calle
en vez de miradas de aprobación.
Imagina a una chica que tiene miedo a cada paso que da
pero también unas ganas inmensas de volcar en las personas
alegría.
Una chica que calla más que habla
que se pregunta más que responde
que llora
mucho más de lo que ríe.
Imagínala.
¿La tienes?
Pues me tienes.
Porque esa chica soy yo.
viernes, 25 de julio de 2014
Inviernos en verano.
Me pregunto qué ropa llevarás hoy,
y si habrás pensado en mí.
Me pregunto dónde estarás,
con quién
(y por qué no es conmigo).
Si habrás sonreído,
si estás tan guapo como siempre
o si has sido feliz.
Me pregunto si has tenido ganas de mí,
si has ido a volar y no has encontrado tus alas. Y no has sabido. No sin mí.
Igual has querido acabar con esto y no has encontrado la forma. No sé.
Me pregunto en qué pensarás ahora,
si lo que tienes entre esos labios que antes me acariciaban la vida
es un adiós o si mantienes tu para siempre.
Me pregunto por qué eres tú la respuesta a todo lo que me pregunto.
Y me pregunto también dónde te habrás llevado mi corazón,
si lo habrás tratado un poco mejor.
Yo tan sólo quería decirte
que me parece irrelevante la ropa que llevo hoy
pero no todas las veces que he pensado en ti
porque han rozado lo prohibido.
Que he estado acompañada,
pero mi mayor ausencia -tú-
se ha venido conmigo allá donde he ido.
Que sí, que he sonreído, pero sonreír sin ganas es llorar
y llorando tanto no se puede ser feliz.
Quería decirte que he ido a volar
y me he estrellado contra el asfalto. Y que no, que no puedo. No sin ti.
Que no he tenido el valor de enviar
lo que he reescrito infinitas veces.
Y entre mis labios tengo dudas, decepción y poca esperanza,
en vez de tenerte a ti.
Quería decirte también que mi corazón sigue estando allí donde tú estés,
y bueno,
que un día sin saber de ti dura lo mismo que el más frío invierno
y ya he perdido la cuenta de todo lo que ha(s) nevado.
Tan sólo era eso, nada más.
miércoles, 23 de julio de 2014
Como un balón viejo y descosido que apenas sí rueda pero con el que sigues jugando por el cariño de tantos años;
como una canción que no te gusta, pero se pega;
como la carta que no supiste quemar en su día, y que ahí está, escondida en el último cajón la estantería,
y ahí estás tú, temblando cada vez que intentas volver a leerla, pero no, aún no es el momento, releer sería revivir y eso supondría una catástrofe emocional;
como perder el último tren;
como una caricia que duele;
como la incertidumbre que no deja enviar un mensaje que evite el último adiós,
o el error de enviarlo cuando ya es demasiado tarde;
como un te quiero a deshora;
como decidir que te vas y que justo ahí pongan tu canción favorita;
como volver a empezar algo que acabó hace mucho tiempo;
como escribir pensando en una persona aun sabiendo que jamás te leerá;
como la duda que surge justo cuando el profesor abandona el aula;
como regresar y comprobar que ya nada es lo que era y que ya nadie te espera;
como la frase que se queda haciendo eco en tu cabeza y no en tu boca;
como una mala noticia en un buen momento;
como una incertidumbre sin respuesta;
como un final contado antes de tiempo;
como llegar cuando ya todos se han marchado;
como una fiesta sin globos.
Perdóname, pero he intentado describirte mejor y no he sabido.
Esto es todo lo que puedo decir de ti.
Esto es todo lo que puedo decir de mí, contigo.









